Evaluación del “nuevo concepto” de la Nueva Agenda Urbana: integración de la ciudad y el campo

La estrategia adoptada en Hábitat III podría generar una tracción política clave para ayudar a los gobiernos a integrar mejor su política urbana con la rural.

El Mercado de San Roque de Quito tiene un poco de todo. (Gregory Scruggs)

QUITO, Ecuador- Desde muebles hasta jugo de naranjas recién exprimidas, desde guayabas hasta cuyes, el Mercado de San Roque tiene un poco de todo. El edificio colosal ubicado en el límite del distrito histórico de Quito alberga a productores agrícolas que ofrecen maíz pelado, carniceros que cortan reses y comerciantes de productos secos que exhiben montañas de artículos locales, como plátanos deshidratados. Afuera, la estructura está cercada por innumerables hileras de puestos que conforman un verdadero zoco al aire libre que puede atraer hasta 10.000 visitantes los fines de semana.

Detrás de una mesa repleta de cebollas, pimientos, limas, pepinos y tomates, una mujer, que se identifica sólo como María, describe cómo funciona el mercado. Los distribuidores llegan antes del amanecer para vender al por mayor su mercadería a los comerciantes como ella, que luego venden al menudeo los productos a los clientes que vienen al Mercado de San Roque de todas partes de Quito.

El mes pasado, la experiencia cotidiana de María y de los miles de distribuidores, comerciantes, puesteros y vendedores de comida preparada que invaden el Mercado de San Roque fue central en la discusión global que estaba desarrollándose a poca distancia, durante la conferencia Hábitat III de las Naciones Unidas  sobre urbanización.  La cumbre, que congregó a 30.000 personas en Quito, aprobó una estrategia de urbanización para los próximos 20 años conocida como la Nueva Agenda Urbana, un documento que, para algunos, es por demás contundente en lo atinente a nuevas estrategias para vincular de manera más estrecha la política urbana y la rural.

Mientras tanto, los distribuidores del Mercado de San Roque se desplazan por todo el territorio rural ecuatoriano para comprar la mercadería directamente a los productores. De allí es oriunda María, de la provincia de Chimborazo, a unos 250 kilómetros de la capital. Hace 30 años comenzó a repartir su tiempo entre el pueblo en el que se crió y la gran ciudad. “Allí no hay agua, no hay nada para sostenernos”, dijo.

En Chimborazo, al igual que en muchas regiones de Ecuador, la mayoría habla quechua, una lengua indígena. A diferencia del resto de Quito, donde predomina el español, el quechua es la lengua franca del Mercado de San Roque, como puede verse en el cartel de la entrada. María conversa con los otros comerciantes en esa lengua también, lo que hace que el recinto del mercado parezca una extensión de un pueblo ecuatoriano.

[Véase: El campo versus la ciudad: El dilema de la Nueva Agenda Urbana].

No es que el negocio del mercado sea particularmente lucrativo por estos días. “No estamos teniendo ganancia ahora; sólo ganamos lo suficiente para comer”, dijo María respecto de los escasos US$8 que saca por semana, restando el alquiler que paga a la asociación de comerciantes para cubrir los costos de electricidad, agua, seguridad y limpieza.

Aun así, en general, no le molesta vivir en Quito, donde reside a una hora en autobús del mercado. “Aquí o allá, nos gusta vivir en ambos lugares”, dijo. Sus vecinos del mercado, también de Chimborazo, indican que concuerdan con ella con un ari o “sí” en quechua.

Redefinir los vínculos

No hay duda de que la conferencia Hábitat III, que se celebró el mes pasado, puso el foco en el futuro de las ciudades. Sin embargo, la mayor autoridad de la ONU en el tema de las ciudades -el ex alcalde de Barcelona Joan Clos- sostuvo que las zonas rurales son fundamentales en ese debate.

“No se puede decir que el campo y la ciudad pertenecen a dos mundos diferentes. Porque para el campo, la ciudad representa algo fundamental: un mercado para sus productos”, dijo Clos -quien se crió en una granja- en la apertura de la conferencia. Y señalando que el 80 por ciento de los habitantes de América Latina viven en ciudades, agregó: “Comen todos los días”.

[Véase: El eslabón perdido en la Nueva Agenda Urbana: sistemas alimentarios].

Como resultado, dijo, la Nueva Agenda Urbana consagró un “nuevo concepto”, el concepto de “un sistema interrelacionado entre la ciudad y el campo”. De hecho, para ser un documento supuestamente sobre ciudades, el texto final de la agenda menciona la palabra “rural” 20 veces, a menudo en el contexto de un concepto clave: los “vínculos urbano-rurales”.

Este término difícil de manejar refleja una importante evolución en la relación entre las ciudades y el interior, según indica Maruxa Cardama, directora ejecutiva de la coalición Communitas, que defendió esa fraseología durante las negociaciones de la Nueva Agenda Urbana. “Estamos tratando de ir más allá de la dicotomía”, dijo a modo de explicación, según la cual lo urbano y lo rural son tratados como antagonistas, noción que fue puesta en evidencia en las recientes elecciones presidenciales de Estados Unidos.

Por ejemplo, a veces las zonas urbanas parecen tragarse el territorio rural, lo que obliga a los campesinos a desplazarse hacia la gran ciudad, algo que Clos reconoció. “La urbanización descontrolada está invadiendo tierras agrícolas altamente productivas”, señaló. “Así, se produce una competencia por la tierra para uso urbano y para uso agrario”.

[Véase: En un cambio radical, las ciudades son consideradas cada vez más como actores clave para el desarrollo se sistemas alimentarios fuertes].

Cuando ganan las ciudades -que a menudo disponen de más capital que las zonas rurales-, el resultado puede derivar en asentamientos precarios en las zonas urbanas. “Eso conduce a una migración negativa del campo a la ciudad impulsada por la desesperación”, dijo Cardama.

Desarrollo territorial

Entonces, ¿cómo pueden los gobiernos lograr un equilibrio entre las necesidades de las ciudades en auge y aquellas de las zonas rurales subdesarrolladas? Abocándose no sólo al planeamiento urbano sino también a la “planificación territorial”, otro término que aparece en reiteradas oportunidades en la Nueva Agenda Urbana.

En un abordaje de planificación territorial, la función de una ciudad no es solamente la de servir de mercado para los productores agrícolas rurales. “Ésa es una visión demasiado simplista. Los alimentos pueden ser un factor impulsor, pero no deberían ser el único”, advirtió Cardama, al señalar que las zonas rurales también son la fuente del agua y la energía que se utilizan en las zonas urbanas.

En los países desarrollados, la existencia de sistemas ferroviarios robustos y el teletrabajo hasta pueden hacer que vivir en una zona rural o en un pueblo pequeño sea una opción viable para las personas que trabajan en la economía de la información, que deben trasladarse a una oficina en la gran ciudad sólo unos pocos días a la semana.

[Véase: El nuevo imperativo urbano para las ciudades secundarias].

El teletrabajo es una tendencia en alza en Alemania, que promovió la idea de fortalecer los vínculos urbano-rurales y el desarrollo territorial en el proceso de Hábitat III. En parte, esa elección fue un reflejo del propio paisaje alemán, donde no hay una única megaciudad predominante. Por el contrario, la población está diseminada en varias ciudades grandes, ciudades intermedias y pueblos, casi todos conectados por ferrocarril. El sistema alemán se apoya en una estructura de gobernanza metropolitana sofisticada, a tal punto que un centro urbano y una zona rural aledaña pueden tomar decisiones en conjunto.

En Colombia -el otro gran defensor de una visión más holística de lo urbano y lo rural en la Nueva Agenda Urbana-, el desarrollo territorial adquiere una característica diferente. “Allí significa una era pos FARC, en la que el mundo rural ya no depende de la guerrilla como medio de subsistencia y en la que se puede integrar a los ex guerrilleros”, dijo Cardama, al referirse al grupo rebelde que hace poco firmó un acuerdo de paz con el gobierno nacional.

Por su parte, África tiene un punto de vista totalmente distinto. “No hay brecha entre lo urbano y lo rural: cada uno se considera completamente dependiente del otro”, dijo Cardama.

[Véase: Finding a truly common vision for African cities].

Con semejante variedad de significados según el contexto del país, el desarrollo territorial puede ser considerado vago e inespecífico. Pero Cardama cree que la idea ha “revitalizado el impulso político” debido a sus conexiones con los Objetivos de Desarrollo Sustentable (ODS), el marco global que entró en vigencia este año y que guiará los esfuerzos globales para luchar contra la pobreza durante los próximos 15 años.

En términos específicos, los 17 ODS incluyen una meta que solicita a los gobiernos “apoyar los vínculos económicos, sociales y ambientales positivos entre las zonas urbanas, periurbanas y rurales mediante el fortalecimiento de la planificación del desarrollo nacional y regional”.

[Véase: Inextricably interlinked: The urban SDG and the new development agenda].

En consecuencia, esta cuestión es una de las áreas en las que la Nueva Agenda Urbana está preparada para generar tracción a nivel político a medida que ingresa a la fase de implementación. El período previo a Hábitat III suscitó una afluencia de trabajos de investigación e informes sobre el tema a partir de aquellos publicados por Communitas, ONU-Hábitat y la OCDE. De cara al futuro, hay diversos organismos tratando el tema, incluidos UNITAR, la FAO e IFAD. Los resultados impulsarán a los países a adoptar políticas que incorporen el concepto de vínculos urbano-rurales y a informar a la ONU sobre sus avances.

La actitud que planteaba un enfrentamiento entre las ciudades y las zonas rurales está cambiando. Como dijo Cardama a modo de conclusión: “No hay manera de planificar ciudades sólidas en el siglo XXI si no se planifican vínculos urbano-rurales sólidos”.

Este artículo fue traducido al español a través de un acuerdo entre Citiscope y el Observatorio Latino Americano (OLA) de The New School, una universidad en Nueva York. Puede suscribirse al newsletter quincenal con artículos destacados en español de OLA-Citiscope aquí. Subscribe to weekly updates in English here.

Citiscope es miembro del Proyecto de Periodismo de Hábitat III; más información aquí.

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