En un cambio radical, las ciudades son consideradas cada vez más como actores clave para el desarrollo de sistemas alimentarios fuertes

La Nueva Agenda Urbana, adoptada el mes pasado, fue sorprendentemente enfática sobre el tema, dicen sus defensores, y los alimentos podrían ahora ser clave para la implementación de la estrategia.

Un productor afgano exhibe sus productos agrícolas en una feria comercial de Kabul, 2008. (Jawad Jalali/UN Photo)

Parafraseando un famoso dicho de Napoleón Bonaparte, una ciudad marcha al ritmo de estómago. Eso es, al menos, lo que piensan los especialistas en alimentos de las Naciones Unidas, que sostienen que el desarrollo urbano es el nuevo centro de acción para resolver los problemas del hambre y de la nutrición.

Expusieron sus argumentos en los días previos a la realización, el mes pasado, de la cumbre sobre urbanización Hábitat III, en la que los Estados nación adoptaron una estrategia sobre sustentabilidad para los próximos 20 años conocida como la “Nueva Agenda Urbana. El evento, que se lleva a cabo una vez por generación, produjo un replanteo de las ortodoxias establecidas en la comunidad que se ocupa de la seguridad alimentaria, es decir, sobre la creencia de que para hacer frente al hambre, se debe volver a la tierra.

“En el pasado, los organismos de Naciones Unidas dedicados a la seguridad alimentaria estaban un poco sesgados hacia lo rural”, dijo Brian Bogart, del Programa Mundial de Alimentos. “Casi se daba por sentado que si uno trabaja en seguridad alimentaria, debe trabajar en zonas rurales, porque es allí donde se producen los alimentos”.

Sin embargo, eso está cambiando en las tres agencias de la ONU que se encargan de la alimentación, conocidas como los organismos con sede en Roma, dado que sus oficinas centrales están ubicadas en la capital italiana. Por ejemplo, la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha lanzado el Programa “Alimentos para las Ciudades.

Mientras los urbanistas promueven las ferias de productores y los formuladores de políticas buscan estrategias para hacer frente a los desiertos de alimentos, las antiguas suposiciones respecto de que las ciudades soportarían con facilidad los shocks alimentarios tales como las sequías están demostrando ser infundadas. A su vez, estos organismos han establecido alianzas con los gobiernos locales para promover un círculo virtuoso en el que los consumidores urbanos estén bien alimentados para beneficio económico de los productores rurales de alimentos.

Pacto de alcaldes

Si bien Roma puede ser la sede de este esfuerzo de incidencia global, es Milán la ciudad que se ha convertido en sinónimo de la iniciativa distintiva que aspira a vincular los alimentos saludables con la Nueva Agenda Urbana. El año pasado, la ciudad más grande de Italia albergó una Exposición Universal dedicada al movimiento slow food, que promueve la comida casera hecha con productos locales por sobre la comida rápida procesada.

“En el pasado, los organismos de las Naciones Unidas dedicados a la seguridad alimentaria estaban un poco sesgados hacia lo rural. Casi se daba por sentado que si uno trabaja en seguridad alimentaria, debe trabajar en zonas rurales, porque es allí donde se producen los alimentos”

Brian Bogart
Programa Mundial de Alimentos

Al finalizar la exposición, el alcalde Giuliano Pisapia convocó a más de 100 de sus pares a firmar el Pacto de Política Alimentaria Urbana de Milán “con el fin de hacer un llamamiento a las zonas urbanas del norte y del sur del mundo para que definan un camino común hacia nuevas políticas alimentarias”, según decía un comunicado.

[Véase: We can’t build better cities without improving nutrition].

Las ciudades signatarias, que ahora totalizan 131, se comprometen a adoptar políticas que propicien un acceso equitativo a alimentos saludables, a luchar contra las enfermedades no transmisibles causadas por el azúcar y la sal, a reducir los desperdicios y a desarrollar guías nutricionales para los residentes. Por ejemplo, México gravó las bebidas azucaradas con un impuesto del 10 por ciento, y esa ley ahora sirve de modelo para iniciativas populares similares en cuatro ciudades de los Estados Unidos sobre las que los electores serán consultados cuando vayan a las urnas este mes.

A un año de la firma del pacto, coincidiendo con el Día Mundial de la Alimentación, los alcaldes se reunieron el mes pasado en Roma antes de Hábitat III. Si bien el pacto es de carácter voluntario, varias ciudades presionaron para contar con indicadores mensurables que las ayuden a seguir el avance en pos de sus objetivos.

Además, dos ciudades fueron las primeras en obtener un premio anual que reconoce acciones concretas que favorecen una mejor política alimentaria. Baltimore fue reconocida por la decisión que la alcaldesa Stephanie Rawlings-Blake tomó en 2010 de contratar a un director de política alimentaria a tiempo completo para que supervisara las estrategias en las diferentes dependencias municipales. La Ciudad de México también recibió este galardón por haber creado comedores comunitarios en 2009. Hoy, hay más de 204 comedores en 16 distritos que ofrecen aproximadamente 33.500 comidas accesibles a diario a los pobres, según informó el comité de premiación.

[Véase: Baltimore, Mexico City honored for urban food policies].

Con un abordaje común entre países ricos y pobres, la esperanza está puesta en que el pacto aliente al mundo en desarrollo a no emular a las naciones ricas, en las que la obesidad ha pasado a ser una epidemia.

“Se trata de no repetir los errores que cometieron los países desarrollados”, dijo Bogart, “reconociendo el tema en los países desarrollados, pero a la vez tratando de hacer que los países en desarrollo piensen sobre estas cuestiones a medida que se urbanizan, sobre todo en África, donde esto tendrá una importancia fundamental para el futuro del continente”.

Vínculos más estrechos

Después de un intenso lobby durante las negociaciones de Hábitat III, los defensores de las políticas alimentarias tuvieron motivos para celebrar al conocerse las conclusiones de la conferencia. En el encuentro de este año en Milán, “saludaron con entusiasmo a la Nueva Agenda Urbana”, según lo expresado en un documento publicado en la víspera de Hábitat III.

¿Qué atrajo la atención de estos activistas? El documento destaca referencias clave al acceso equitativo y asequible a alimentos saludables y a la “nutrición para todos”, así como a la reducción de las pérdidas de alimentos. También elogian las referencias a la coordinación de políticas alimentarias con los programas de energía, agua, salud, transporte y manejo de residuos, así como a las prácticas agrícolas y ganaderas urbanas sostenibles. Asimismo, en su opinión, la Nueva Agenda Urbana hace hincapié en la planificación y el desarrollo del sistema alimentario a fin de incrementar el acceso a los mercados, fortalecer los vínculos entre lo urbano y lo rural, y mejorar la resiliencia.

En particular, estas últimas cuestiones recibieron mucha atención durante las deliberaciones sobre la Nueva Agenda Urbana. Los organismos con sede en Roma y otros partidarios de los alimentos se esforzaron durante el proceso de negociación para darles más preponderancia a los temas vinculados con los alimentos.

[Véase: El eslabón perdido en la Nueva Agenda Urbana: los sistemas alimentarios].

Con el apoyo de Colombia, la Unión Europea, Francia, Alemania y los Estados Unidos —cuyo negociador principal para Hábitat III es un experto en seguridad alimentaria—, se incorporaron referencias claras al tema en los borradores subsiguientes del texto. (Véase aquí la versión final de la Nueva Agenda Urbana).

En consecuencia, según escribió Thomas Forster —lobista experto en alimentos— durante Hábitat III, “[d]e un modo que nadie habría previsto incluso hace unos pocos meses, la seguridad alimentaria, la nutrición y los sistemas alimentarios sustentables se encuentran en el centro de la sostenibilidad urbana y territorial”.

Cabe destacar el reconocimiento del papel que tienen los alimentos en lo que en el contexto de Hábitat III se ha denominado “vínculos urbano-rurales”: en este ámbito, se trata de alimentos producidos en el campo que se comercializan a través de mercados urbanos.

En consecuencia, Jorge Fonseca, de la FAO, señaló lo siguiente: “Nosotros sostenemos que la ciudad no puede desarrollarse por sí sola sin el área rural circundante”. Esta noción dio lugar al concepto de sistemas alimentarios de ciudad-región, que consideran el alcance geográfico más amplio posible: no sólo el área metropolitana donde la gente vive y trabaja, sino también el interior rural que abastece a una metrópolis hambrienta.

[Véase: El campo versus la ciudad: El dilema de la Nueva Agenda Urbana].

Otro de los organismos con sede en Roma, el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola, ha venido planteando este tema desde hace varios años a través de la investigación con el argumento de que las ciudades y las zonas rurales son interdependientes.

Con un rol tan prominente asignado a los alimentos en la Nueva Agenda Urbana, los organismos con sede en Roma prevén que tendrán un papel en lo que vendrá. “Los sistemas alimentarios nos dan esa oportunidad para la implementación”, afirmó Fonseca. “Puede decirse que la FAO se encuentra en condiciones de dirigir la revisión posterior a Hábitat III en lo que respecta a implementar las acciones necesarias para garantizar la seguridad alimentaria y la nutrición”.

Este artículo fue traducido al español a través de un acuerdo entre Citiscope y el Observatorio Latino Americano (OLA) de The New School, una universidad en Nueva York. Puede suscribirse al newsletter quincenal con artículos destacados en español de OLA-Citiscope aquí. Subscribe to weekly updates in English here. 

Citiscope es miembro del Proyecto de Periodismo de Hábitat III; más información aquí.

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