Después de Hábitat III, ¿cuál será el siguiente paso del movimiento urbano?

Rápidamente se están desplegando los mecanismos oficiales y no oficiales para dar seguimiento e impulsar la implementación de la Nueva Agenda Urbana.

Participantes de Hábitat III pasan por al lado de murales donde se exhiben fragmentos de la Nueva Agenda Urbana. Quito, 18 de octubre (Secretaría de Hábitat III)

QUITO, Ecuador- Después de cuatro días intensos de sesiones en la conferencia de las Naciones Unidas Hábitat III sobre el futuro de las ciudades, el circo urbano al fin se fue de la ciudad. Se retiraron los carteles, se quitaron los cordones de seguridad, se desarmaron los estacionamientos temporarios compartidos para bicicletas y se reabrieron las calles al tránsito. Las multitudes y los vendedores abandonaron el parque El Ejido, por donde miles de personas circularon e hicieron fila para vislumbrar algo de la acción de la primera cumbre de la ONU realizada en Ecuador.

Ahora que los 10.000 extranjeros que se calcula participaron en la conferencia han retornado a los 167 países representados en el encuentro de la semana pasada, surge una pregunta obvia: ¿cuál será el próximo paso del movimiento urbano?

No hay duda de que el movimiento que aboga por la creación de mejores ciudades ha crecido en los últimos 20 años desde la realización de Hábitat II. Hoy en día existen nuevas ONG, campañas de incidencia, usinas de ideas, redes interurbanas, institutos de investigación, carreras universitarias, premios y consultoras. Y muchos de ellos contribuyeron a darle forma a la Nueva Agenda Urbana, la estrategia de urbanización aprobada formalmente por los 193 Estados miembros de la ONU al cierre de la conferencia.

“El movimiento urbano que apoyó Hábitat III demostró el poder de la influencia y la acción colectivas”, le dijo a Citiscope Shipra Narang Suri, vicepresidenta de la Sociedad Internacional de Urbanistas.

[Véase: Las naciones aprueban la estrategia global para crear ciudades sustentables culminando así un proceso de dos años]

Hace dos décadas, los alcaldes aún no estaban conectados entre sí por Ciudades y Gobiernos Locales Unidos (CGLU), la red de ciudades más grande del mundo. Los alumnos aún no podían inscribirse en el Programa sobre Ciudades de la London School of Economics. Los activistas todavía no podían invocar el “derecho a la ciudad” como un mandato legal desde Brasil hasta Ecuador, pasando por la Ciudad de México y desde allí hasta Saint-Denis, Francia. Y los lectores curiosos no podían encontrar medios especializados que se ocuparan de las cuestiones urbanas, entre ellos Citiscope.

Por consiguiente, a medida que todo vuelve a la calma después de Hábitat III, es hora de reflexionar sobre esta constelación de actores de la sociedad civil. La mayoría de ellos se congregaron en torno a la tercera edición de la conferencia sobre asentamientos urbanos impulsada por la ONU porque creen en la causa urbana, incluidos algunos que todavía la enmarcan en el contexto de la Agenda Hábitat de 1996. Mientras tanto, muchos de los nuevos jugadores invirtieron gran cantidad de tiempo, energía y recursos en los dos años previos a la aprobación de la Nueva Agenda Urbana.

[Véase: ¿Los gobiernos responderán rápido a la Nueva Agenda Urbana?]

Es posible que no estén plenamente satisfechos con el resultado, pero todos los activistas de la sociedad civil con los que Citiscope habló la semana pasada dijeron estar comprometidos en la tarea de promover la implementación del documento y la agenda global más amplia sobre cuestiones urbanas, que incluye elementos del Acuerdo de París sobre el cambio climático y los Objetivos de Desarrollo Sustentable.

“La aplicación de la Nueva Agenda Urbana puede no constituir una obligación legal para los Estados miembros”, señaló Suri en la plenaria inaugural del último lunes, en la que participaron jefes de Estado, ministros y el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, “pero sin duda es un imperativo moral, un nuevo acuerdo moral entre los Estados miembros, y entre éstos y las partes interesadas, dirigido a producir un nuevo futuro urbano, que permita pasar de una forma de trabajo habitual a formas novedosas y diferentes”.

Y agregó: “Utilicémosla como un punto de partida, un nivel mínimo desde el cual avanzar, y no como un objetivo final, el punto máximo o un punto de llegada”.

El futuro de la GAP

A Suri le ofrecieron un lugar destacado para hacer una intervención en Hábitat III dado que ella es también vicepresidenta de la Asamblea General de Socios (GAP, por su sigla en inglés), una coalición de partes interesadas que defendió la inclusión de propuestas específicas en la Nueva Agenda Urbana en nombre de la sociedad civil. Conformada por 16 grupos en los que participan desde jóvenes hasta personas de la tercera edad, desde productores rurales hasta profesionales, desde comunidades originarias hasta parlamentarios, esta organización paraguas sostiene que representa la voz de mil millones de personas de todo el mundo.

La GAP fue creada en abril de 2015 y recibió apoyo institucional y financiero de la Secretaría de Hábitat III, que utilizó fondos del Fideicomiso Hábitat III para ayudar a cubrir los gastos de viaje de los líderes de las diversas unidades constitutivas de la coalición a una serie de reuniones preparatorias en el período previo a Hábitat III. Este año, la organización explicó cuáles eran sus intenciones a través de un documento titulado “Alianzas para la Nueva Agenda Urbana”.

[Véase: Habitat III stakeholders offer vision of broad partnership for sustainable urbanization]

Sin embargo, la GAP sufrió varios traspiés en el transcurso de los cuatro meses que duraron las negociaciones políticas, en las que se fue puliendo la Nueva Agenda Urbana hasta llegar a su versión definitiva el mes pasado. Perdió dos propuestas concretas: una vinculada a la creación de un Panel Multiparticipativo sobre Urbanización Sustentable y la otra relativa a la declaración de un Decenio Internacional de la ONU de la Urbanización Sustentable. La primera habría proporcionado un mecanismo institucional mediante el cual la coalición podía profundizar sus acciones de incidencia en esta cuestión; la segunda habría ayudado a generar más conciencia sobre el tema.

No obstante, los “valiosos aportes” de la GAP han sido reconocidos como parte del legado de Hábitat III en la sección sobre “Medios de implementación” del propio documento, que sugiere que hay vida después de Quito. Según los dirigentes de la GAP, eso es exactamente lo que han planeado.

“Sin duda, debemos ampliar y fortalecer aún más esta oportunidad que tuvieron los grupos interesados de participar activamente en la Nueva Agenda Urbana”, le comentó Suri a Citiscope.

Parte del impulso de la GAP para seguir adelante surge del papel clave que tuvo en esta conferencia, donde se dedicaron más de 30 horas de reunión a tratar las lecciones aprendidas a partir de sus esfuerzos de incidencia dentro del proceso Hábitat III. Los dirigentes de la GAP también tuvieron una audiencia con el Secretario General de la ONU. Asimismo, el Secretario General de Hábitat III, Joan Clos, reconoció en una carta el papel colectivo que desempeñó el grupo y ofreció apoyo institucional para el futuro en nombre de ONU-Hábitat, el organismo en el que ocupa el cargo de director ejecutivo.

A tal fin, la GAP tiene previsto consultar a sus miembros respecto de los planes futuros, modificar su constitución según sea necesario, impulsar su inclusión en el debate que tendrá lugar el año próximo acerca del seguimiento y la revisión de la Nueva Agenda Urbana y analizar cómo se puede aplicar el modelo de la GAP en otros ámbitos de la ONU. Sus dirigentes prevén una posible GAP 2.0 para abril, cuando el Consejo de Administración de ONU-Hábitat se reúna en Nairobi.

Nueva conducción

La GAP no es la única iniciativa de la sociedad civil dedicada a las cuestiones urbanas que cuenta con el apoyo de ONU-Hábitat. Fundada en 2009, la Campaña Urbana Mundial (WUC, por su sigla en inglés) ha ido cobrando fuerza lentamente como una coalición de actores urbanos de base amplia interesada en incorporar a instituciones más que a particulares como miembros.

Al margen de Hábitat III, la WUC eligió dos nuevos copresidentes: Rose Molokoane, de Sudáfrica, y Sandeep Chachra, de la India. Con una larga trayectoria en la defensa de los derechos de los habitantes de los asentamientos precarios, los trabajadores informales y los pobres urbanos, este binomio aportará una voz fuerte en representación del mundo en desarrollo a los esfuerzos de incidencia de la WUC en un intento por impulsar la aplicación de la Nueva Agenda Urbana.

[Véase: Bridging the GAP: The Habitat III strategy ‘is an agenda affecting grass-roots people’]

En alusión a la magra implementación de los resultados de las dos primeras conferencias Hábitat, Chachra, que ocupa el cargo de Director Ejecutivo de ActionAid India, le dijo a Citiscope: “Estas cosas pueden perderse si no hay un organismo activo que se movilice en torno a ellas, genere impulso, haga que los gobiernos rindan cuentas, promueva un debate público y aporte soluciones”.

Las soluciones han sido la contribución más reciente de la WUC, incluso a través de la presentación en el marco de Hábitat III de 164 “soluciones urbanas” que surgieron de una convocatoria pública realizada este año. Estas ideas, que nacen como producto del conocimiento colectivo de los socios de la WUC, se suman a la serie de numerosos eventos organizados por la propia WUC con anterioridad a Hábitat III, conocidos con el nombre de Urban Thinkers Campuses, que se desarrollaron en todas partes del mundo.

Esos encuentros -que adoptaron formas tan diversas como un té compartido en Vancouver, una fiesta en las calles de Recife o una conferencia formal en Nueva York- aportaron ideas a “The City We Want 2.0”, un manifiesto de la sociedad civil que fue entregado a tiempo para la redacción y las negociaciones de la Nueva Agenda Urbana.

[Véase: Unified stakeholder vision on sustainable urbanization lauded, critiqued ahead of Habitat III]

La WUC tiene algunos planes concretos para el próximo año. Por ejemplo, tiene previsto convocar a una nueva ronda de Urban Thinkers Campuses, centrada en la implementación, a principios del año que viene. La idea es que esos eventos finalicen antes del Foro Urbano Mundial 9, que tendrá lugar en Kuala Lumpur en febrero de 2018 y que es considerado actualmente como un hito clave posterior a la conferencia de Quito.

Según Molokoane, que dirige un grupo de base de mujeres afiliado a Slum/Shack Dwellers International, el objetivo de la WUC es generar “proyectos que exhiban la Nueva Agenda Urbana como un documento real”.

Tal demostración plantearía un desafío sobre la cuestión de la implementación e, idealmente, instaría a los gobiernos nacionales a cumplir con su parte. “Nuestro objetivo no es sólo monitorear las políticas y el uso que le dan los Estados miembros a este documento en sus oficinas”, dijo. “Nuestro objetivo es mostrarles qué es lo que esta Nueva Agenda Urbana propone hacer en la práctica. La gente necesita soluciones”.

Presión externa

Sin embargo, no todos los actores de la sociedad civil que defendieron el proceso Hábitat III se sienten cómodos trabajando dentro del sistema de la ONU y con su apoyo institucional. La proliferación de eventos alternativos y paralelos a la conferencia oficial dejó esto bien en claro, en especial el foro “Resistencia a Hábitat III” organizado en la Universidad Central del Ecuador.

En el evento de cuatro días que se llevó a cabo dentro de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de esa universidad, los asistentes debatieron sobre los derechos de acceso a la tierra, los desalojos forzosos y los materiales de construcción para los pobres de zonas rurales, temas menos comunes los que abordó, a pocos kilómetros de distancia, la conferencia sobre urbanización Hábitat III avalada por la ONU. Alumnos de izquierda en camisetas y activistas de los pueblos originarios vestidos con sus trajes tradicionales se mezclaron para hacer demostraciones de la fabricación de ladrillos de adobe y refugios de emergencia de bajo costo para ser utilizados en desastres naturales, como el terremoto que azotó la costa ecuatoriana el pasado mes de abril.

[Véase: Alternative forums to offer urban visions outside of Habitat III]

La escena trajo a la memoria el énfasis sobre las necesidades de determinados asentamientos humanos que dominó el debate de Hábitat I hace 40 años, ocasión en que se hizo hincapié en tornar viable la vida en las zonas rurales frente a la urbanización. Cuando el Secretario General de Hábitat III, Joan Clos, dijo el miércoles que ese enfoque estaba equivocado dado que millones de personas se trasladaron a las ciudades en las dos décadas siguientes a la realización de Hábitat I en Vancouver en 1976, uno de los organizadores del foro de la Resistencia a Hábitat III, Álvaro Puertas, replicó: “¿Se mudaron para vivir o para sufrir?”.

Puertas es secretario general de la Habitat International Coalition (HIC), un grupo que ha seguido de cerca los resultados de las conferencias Hábitat durante cuatro décadas. Si bien es una ONG registrada en la ONU, donde presenta informes periódicos sobre violaciones a los derechos de acceso a la tierra y la vivienda, optó por no participar en los procesos de Hábitat III con patrocinio oficial, a diferencia de la GAP. En el foro alternativo, representantes de más de 36 países aprobaron una Agenda Popular del Hábitat como alternativa a la Nueva Agenda Urbana.

“Coincidimos en la necesidad de tener ese enfoque sobre el hábitat en lugar de un foco en lo urbano”, le comentó Puertas a Citiscope mientras se escuchaban tambores y flautas de fondo que acompañaban a decenas de personas que bailaban y cantaban en una ceremonia a la Madre Tierra celebrada por un sacerdote indígena en el cierre del foro alternativo.

“Todos reconocen que, con un único abordaje urbano, en verdad se violarán los derechos a la tierra, en especial los de aquellos que viven en zonas rurales”, señaló Puertas. “¿Por qué nos presentan solamente un único futuro urbano sin ninguna otra opción? Todas estas personas están aquí para reclamar eso”.

[Véase: So how do we implement the ‘right to the city’, anyway?]

Puertas también dijo que, de aquí en adelante, la HIC pretende respaldar “los comités populares por el Hábitat” -que ya funcionan en la Argentina, Bolivia y México- para abogar por estos temas de base, así como por los nuevos temas que la Nueva Agenda Urbana no incluye.

“La nueva agenda contiene algunos aspectos positivos, pero carece de muchas cosas”, afirmó Puertas. “No sólo los compromisos previos de Hábitat, sino todas las cosas que cambiaron en los últimos 20 años. Por ejemplo, la guerra y la ocupación son un tema que la nueva agenda no incluye ni aborda con claridad”.

El derecho a la ciudad

Un componente de la Nueva Agenda Urbana que le falta a su predecesora y cuenta con la aprobación de la HIC es “el derecho a la ciudad”. La inclusión de esas cinco palabras se debe, y no en pequeña medida, a la Plataforma Global por el Derecho a la Ciudad, una red internacional de activistas que instaron a los Estados miembros a incluir este concepto en el documento.

Ese esfuerzo también se mantendrá activo durante la fase de implementación de la Nueva Agenda Urbana, con la ayuda de comités nacionales que ya se han constituido en Colombia, la India y Kenia. La plataforma también tiene previsto lanzar una campaña orientada a temas específicos: por ejemplo, la mejora equitativa del espacio público como forma de desarrollo urbano en sintonía con los principios del “derecho a la ciudad”.

[Véase: El derecho a la ciudad logra un consenso histórico en la Nueva Agenda Urbana]

“En el ámbito internacional, tenemos previsto continuar con el proceso de internacionalización del derecho a la ciudad, en especial en el sistema global de derechos humanos, a través de la promoción de diálogos con la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos”, dijo Nelson Saule, coordinador de la plataforma y abogado en el Instituto Pólis de San Pablo. “Aún se debate si el derecho a la ciudad ya existe como derecho colectivo sobre la base de los tratados internacionales relativos a los derechos humanos o si es necesario contar con algún tipo de norma internacional sobre este derecho”.

Mientras los defensores de Hábitat III tienen opiniones diferentes sobre el porqué y el cómo en relación con los pasos a seguir, todos parecen comprometidos a seguir participando. En palabras de Joseph Schechla, de HIC, “como ocurre con la mayoría de las cosas, como con las políticas, las leyes y los títulos universitarios, la nueva agenda logrará tanto como lo que se propongan hacer sus socios con ella”.

Este artículo fue traducido al español a través de un acuerdo entre Citiscope y el Observatorio Latino Americano (OLA) de The New School, una universidad en Nueva York. Puede suscribirse al newsletter quincenal con artículos destacados en español de OLA-Citiscope aquí. Subscribe to weekly updates in English here.

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