Conoce a Augusto Barrera, el primer hombre que pensaba en traer Hábitat III a Quito

Como la conferencia de la ONU sobre la urbanización finalmente empieza, ¿que quiere el ex-alcalde que el mundo sepa sobre su ciudad?

Municipio del Distrito Metropolitano de Quito

Cada idea empieza en la cabeza de alguien, y la idea de organizar Hábitat III en Quito surgió de la mente del ex-alcalde Augusto Barrera.

Esta semana esa idea se llegó a ser real, como el capital de Ecuador recibe a decenas de miles de personas de todo el mundo para participar en la conferencia sobre ciudades y la urbanización de la ONU que solo occure cada veinte años.

Barrera fue inspirado por su experiencia hace 20 años, cuando asistió a la última conferencia—Hábitat II, celebrada en Estambul—como un investigador joven en su camino a obtener un doctorado en la sociología.

Como alcalde desde 2009 a 2014, plantó la semilla de la oferta exitosa de Quito a ser el país de acogida para Hábitat III. La oferta era en parte un acto de la unidad política—Barrera y el Presidente Rafael Correa son miembros de la Alianza PAIS, un partido izquierdista.

Sin embargo, Barrera no está viendo la realización de su visión desde una percha del ayuntamiento. Fue derrotado en las elecciones en mayo 2014. Más tarde ese año, la ONU acordó por consenso en la oferta de Ecuador de recibir Hábitat III. La transición política inesperada significó que el trabajo de ejecutar la conferencia fue dado a Mauricio Rodas, del partido conservador Movimiento SUMA, que tuvo a trabajar con su oposición política en el gobierno nacional.

Barrera ahora coordina el Centro de Investigación de Políticas Públicas y Territorio (CITE), en la sucursal Ecuatoriana de FLASCO, una universidad de ciencias sociales de América Latina. CITE va a tener su propio conferencia, “Hacia un Hábitat III Alternativo,” en paralelo con la conferencia de la ONU, con alcaldes prominentes como Ada Colau de Barcelona y Manuela Carmena de Madrid y intelectuales claves en la escena urbana, incluyendo Richard Sennet y Sassia Sasken.

En abril, Citiscope habló con Barrera al margen de la reunión temática para América Latina de Hábitat III en Toluca, México. Esta entrevista ha sido editado por longitud y claridad.

Gregory Scruggs: ¿Por qué sugirió Quito como el anfitrión de Hábitat III?

Augusto Barrera: Si bien es cierto que muchas regiones pueden aportar en el debate sobre las ciudades y sobre el proceso de urbanización, América Latina lo ha hecho bastante bien. Hemos tenido un proceso de urbanización absolutamente acelerado. Es decir, lo que en Europa ha durado un siglo y medio, en América Latina, ha pasado eso en cuarenta o cincuenta años,

Y pese a los débiles desarrollos de la industria y de la generación de empleo y de la modernización de la economía, las ciudades de América Latina han logrado ofrecer para millones de personas mayor acceso a servicios básicos, mayores oportunidades de vida, mayores niveles de intercambio cultural. se ha logrado un proceso con muchos problemas pero positivo finalmente, y que hemos logrado poner una fuerte característica en lo que podríamos llamar la producción social del hábitat, Muchísimos barrios en América Latina son hechos por la propia gente a través de cooperativas. El concepto de presupuesto participativo y modelos de movilidad interesantes, como los de Curitiba, surgieron primero en América Latina—somos los pioneros.

Hay mucho que aprender, pero también mucho que decir. Y fue a partir de estas ideas que empujamos un planteamiento que inicialmente era un poco descabellado, porque era  una ciudad del sur, relativamente pequeña.. Y tuvimos inmediatamente una muy buena actitud de apoyo de los países y ciudades latinoamericanas. Luego logramos que el G77 [un bloque de negociación importante de los países en desarrollo en las Naciones Unidas]  tome la resolución de apoyar el Hábitat de Quito.

Habían otros países o otras ciudades que estaban interesados en ser la sede de Habitat III?

Alemania—Berlín estaba interesado. Había interés, por parte de algunos países árabes. Arabia Saudita tenía interés y había también un cierto interés de China. Berlín fue un rival muy fuerte. Tal vez, de todos, era el mas dispuesto a hacerlo. Logramos algo que,  a mí, es un hito extraordinario porque  es una ciudad, que en la escala global es una ciudad grande, pero no es una gran metrópolis… no es Estambul, digamos. Es en el sur; es una ciudad andina.

Nunca lo enfocamos como estos megaeventos que ahora están de moda, Como los Olímpicos, o el Campeonato del Mundo.Nunca lo enfocamos así.  Siempre lo enfocamos más bien desde la perspectiva de poder aportar en esa nueva agenda urbana.

Compare Quito con la sede del último Foro Urbano Mundial, Medellín que también es una ciudad mundialmente conocida por sus innovaciones urbanas. ¿Que de Quito va a informar este discusion de la nueva agenda urbana?

Como dices, hay ciudades que han dedicado un poco más a su posicionamiento de la imagen internacional, y eso es totalmente legítimo. Pero te voy a dar algunos datos de Quito: Quito tiene una cobertura de servicios básicos, como la agua potable, que es bastante cercana a los países europeos…superior al 99%. Tenemos prácticamente universalización de los sistemas de cobertura eléctrica, tenemos casi el 96% en ese aspecto. Con respecto a la colección domiciliaria de residuos sólidos, 97%.

Entonces Quito  es una ciudad que, pese a que ha crecido de manera extraordinaria, ha logrado una producción importante de servicios, y esto lo ha hecho sobre la base de un modelo de empresas públicas tal como Medellín. No son tan conocidas pero han tenido prácticamente el mismo nivel de eficacia.

Quito, además, tiene la extraordinaria maravilla de ser el primer Patrimonio Cultural de la Humanidad en el año 1978, junto con Cracovia. Y esto le da un atractivo particular extraordinario porque es una ciudad que tiene conservadas casi trescientas manzanas de traza del centro histórico. Tiene un extraordinario patrimonio monumental, histórico, pero  también es una de las pocas ciudades que ha logrado mantener un centro histórico vivo al cual, además, hay que fortalecer.

Quito tiene un extraordinario nivel de regularización y de formalización de los barrios. Esta fue una de las principales tareas de mi administración. A diferencia de muchas otras ciudades que han crecido tanto en América Latina, en este momento es bastante marginal la cantidad de asentamientos irregulares. Hemos logrado casi resolver el tema de regularización de barrios.

Quito es una ciudad que es casi pionera en sistemas de transporte público tipo BRT. Solamente unos pocos meses después de Curitiba iniciamos en Quito el primer corredor de BRT eléctrico y hoy tenemos cuatro corredores de BRT. Iniciamos la construcción del metro en un modelo de un sistema integrado en transporte. Desarrollamos un número importante de ciclovías y lanzamos el primer programa de bicicleta pública. Tenemos una red de parques y áreas metropolitanas—casi 22m2 de área verde por habitante.

Desarrollamos en nuestra administración un modelo muy interesante de centros de desarrollo comunitario, que son muy parecidos a estos centros que hay en Medellín—tal vez con menos ambición desde el punto de vista arquitectónico—pero hicimos cuarenta y tres centros para poder construir un desarrollo de cohesión social y de inclusión en las familias. Y tenemos el programa que se llama Sesenta y Piquito, que es probablemente el programa más grande de atención a los adultos mayores que no tienen Seguridad Social, y que va desde temas de servicios hasta temas médicos y acompañamiento psicológico.

 

Y en términos más intelectuales, tenemos varias ideologías de urbanización en este debate de Hábitat III: derecho a la ciudad, desarrollo territorial integrado, la ciudad engendrada.  ¿Habla la experiencia de Quito a algunos de estos conceptos?

Nosotros lo incorporamos el derecho a la ciudad en la Constitución ecuatoriana, porque entendemos que la ciudad es un bien público. La ciudad no es solamente una infraestructura de soporte productivo; no solamente tiene, digámoslo así, un valor de cambio. Tiene un valor de uso que es el ambiente en el cual millones de personas, a través de las generaciones, desarrollan sus vidas.  Y en ese sentido, nos parece que el usufructo debe ser para todos.

Ese es el concepto que tenemos del derecho a la ciudad y descomponemos ese concepto en tres grandes pilares. Primero, el derecho a la ciudad como la superación de las condiciones materiales: el agua, el alcantarillado, la movilidad,los parques, etcétera. El segundo pilar es un modelo de democracia participativa. En Quito tenemos presupuesto participativo. El tercer pilar tiene que ver con la no discriminación— una ciudad inclusiva que respete la diversidad de género; que es multicultural, con un componente indígena y afro que a veces se invisibiliza; una ciudad que respete a los niños y que respete las culturas juveniles.

Rafael Correa, el presidente ecuatoriano, vino a la ONU en abril para firmar un acuerdo para recibir Habitat III. En su comentario, él identificó la especulación inmobiliaria como una práctica que debería ser permitido. ¿Cómo se abordaba esta cuestión en Quito?

Sin embargo, para nosotros este es un tema vital, porque  la ciudad es este acumulado, digamos, de siglos y de décadas de lo que podríamos llamar un capital espacial. Ese capital debe ser distribuido de manera adecuada, y las ganancias que la urbanización produce deben ser socializadas. Esas ganancias, en el caso de las ciudades, se expresan mucho en la renta de suelo. Por eso somos muy a favor de mecanismos que regulen, que eviten la especulación inmobiliaria y que socialicen las ganancias que esa renta produce. Es decir que los ingresos de esa persona deben ser compartidos con la sociedad.

¿Que es el desafío más grande de Quito?

Si bien hemos mejorado mucho la pobreza, nuestra ciudad todavía tiene un alto nivel de desigualdad. Para nosotros el tema de la igualdad en la ciudad es muy importante. Creemos en ciudades que reviertan los procesos de segregación, ciudades sin puertas cerradas, en ciudades con muchos usos, con muchas mezclas en términos de estrato social. No creemos en la ciudad que sea un archipiélago de islas, de urbanizaciones cerradas y barrios pobres.

Creemos en una ciudad de otro tipo.No creemos en la ciudad difusa que se vaya comiendo el ecosistema. Estamos más a favor de una ciudad compacta, con una densificación a escala humana, con fuerte concepto de multicentralidad; esto nos parece clave. No debe ser una ciudad en donde haya zonas con museos y con monumentos y otras en donde no tengas jerarquías en el territorio.

Tenemos una apuesta clarísima, que a veces es políticamente muy dura, de transformar la matriz energética y el sistema de movilidad urbana. Nosotros establecimos restricciones al uso del vehículo privado con Pico y Placa [un sistema de racionamiento del espacio de las carreteras basado en la placa de matrícula]; desarrollamos la movilidad no motorizada e impulsamos fuertemente la inversión en sistemas de transporte público. Esto es más fácil decirlo que hacerlo porque en general el que tiene el poder  en las ciudades es el auto, ¿no? Cuando se habla de movilidad se piensa en calles y autos, y cada vez está más claro que ni las calles ni los autos privados son los que resuelven la movilidad, sino los que complican la movilidad en las ciudades.

Tenemos una apuesta muy fuerte a los temas de multiculturalismo, y a la construcción, de ¿una cultura cívica de tolerancia y de respeto. En el contexto de Europa con los refugiados y en los Estados Unidos con las tensiones étnicas, hay una necesidad de construir un multiculturalismo cívico, ¿no?Y dos, es importante porque tiene que ver con el tema de la economía.  Si bien es muy importante valorar el comportamiento de las inversiones, es mucho más importante valorar la disponibilidad del empleo.Considerando que somos ciudades jóvenes, la calidad y la cantidad del empleo de la generación joven ahora va a ser decisiva. De que un chico pueda acceder a un empleo de calidad en diez años, para mi, es crucial para las ciudades de América Latina.

Entonces aquí hay algunas ideas básicas sobre las cuales tenemos una posición clara: sí al derecho a la ciudad, sí a un modelo de ciudad compacta, sí a trabajar los temas de enfrentar las desigualdades, no a la segregación, no a las ciudades amuralladas, no a la expansión de los suburbios ricos hacia las ciudades pobres, sí a la regulación, sí a una política tributaria impositiva, sí a un modelo de movilidad basada en transporte público.

¿Qué va a ser el legado de Hábitat III para Quito?

Me parece que la propia declaración debe marcar un hito. No me creo el cuento de que las declaraciones cambian el mundo. Estoy muy viejo para creer eso, pero creo que tener una declaración progresista de derechos ayuda mucho a cambiar el mundo. Una buena declaración sí puede ayudar y creo que un legado debería ser una declaración que marque efectivamente una nueva agenda urbana.

Creo que el otro gran legado, tan importante como el primero,  es la constitución de una gran masa crítica, un red global enorme. A nivel de Quito, desde el mundo más académico, como FLACSO, estamos articulando una red de universidades que estamos trabajando precisamente en la construcción de una agenda académica urbana, cosa que nunca había ocurrido. Esta red  va a estar conectada con redes de universitarios y de académicos a nivel global.,

Para quienes tenemos pasión en el tema, hay que pensar ya en el post Hábitat. Es decir, cómo las resoluciones y los acuerdos que estamos haciendo en relación a esta masa crítica comiencen a funcionar desde el siguiente día. Me refiero a mecanismos de veeduría, mecanismos de observación, los tipos de indicadores, los observatorios… en un campo en el que ustedes trabajan, cómo reformateamos, digamos, la forma en que los medios de comunicación tratan las ciudades, que me parece que esa es una tarea fundamental. Para muchos medios de comunicación la ciudad es básicamente el escenario del crimen, de la violencia. A la mayoría de medios de comunicación les resulta más fácil sacar el bache, la persona que se accidentó, el poste que se cayó, y no el conjunto de procesos sociales que permiten que la urbanización sea una inspección maravillosa de la civilización. Entonces hay que cambiar mucho. En las universidades seguimos haciendo arquitectos que diseñan casas, pero que no están vinculados al urbanismo, o economistas que no consideran los factores de aglomeración de la ciudad. El tema del derecho urbano es un campo que todavía tenemos que construir. En muchos ámbitos, la idea es que esto marque efectivamente una evolución.

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