Perspectivas críticas sobre Hábitat III

Seis pensadores reflexionan acerca de la conferencia sobre urbanización realizada el último mes, desde una perspectiva de justicia social.

Vista aérea de la ciudad de Quito, Ecuador, donde se celebró la conferencia ONU-Hábitat III en octubre de 2016 (Secretaría de Hábitat III).

BUENOS AIRES — Más de 35.000 personas se congregaron el último mes en Quito, Ecuador, para participar en los debates de la conferencia ONU-Hábitat III, que reúne una vez cada 20 años a representantes oficiales, autoridades locales, académicos y grupos de la sociedad civil para discutir acerca de las ciudades como fenómeno mundial.

Aún cuando la conferencia formal adoptó finalmente un documento como única estrategia -conocido como la Nueva Agenda Urbana-, las discusiones y debates en Quito estuvieron lejos de ser homogéneos. Por el contrario, múltiples eventos tuvieron lugar en la capital ecuatoriana y en otros sitios, con el objetivo de brindar un punto de vista crítico a las sesiones oficiales y a la Nueva Agenda Urbana en sí misma.

Como repercusión de esos cuatro días en Quito, cabe preguntarse ¿desde qué posición se plantean estas perspectivas críticas? y ¿cómo planean avanzar los movimientos sociales de la región? Citiscope y el Observatorio Latino Americano (OLA) invitaron a cinco latinoamericanos y un español a comentar sus experiencias en Hábitat III, tanto en el evento oficial como en los alternativos, desde un enfoque vinculado a la justicia social.

Este es el primero de una serie de dos artículos, e intenta responder a la siguiente pregunta: ¿Cuál es su reacción a los múltiples eventos, oficiales y alternativos, de los que participó en Hábitat III?.

[Véase: De la frustración a la acción: mas allá de Hábitat III]

Marcelo Corti
Universidad Nacional de Córdoba, Argentina
Lo más evidente en esos días en Quito era la mayor expectativa que generó el foro alternativo, frente a la abulia del encuentro oficial de ONU-Hábitat. Los encuentros oficiales a los que asistí se caracterizaron por la sumisión de los contenidos a la formalidad (muchas veces, ni siquiera “políticamente correcta”) y por la evidente intención de no cuestionar nada. Tuve por ejemplo la rara experiencia de asistir a una reunión de alto nivel sobre la cuestión del suelo urbano en la que no se mencionaron, a excepción de las azoradas preguntas del público, conceptos tan básicos como “mercado de suelo” y “política de suelo”.

Por el contrario, fue evidente que tanto el Foro Alternativo como los encuentros de “resistencia” a Hábitat III concentraban una discusión más pertinente a los temas importantes del desarrollo urbano y los asentamientos humanos en nuestro tiempo. Es posible que por razones de proximidad haya habido en ellos una mayor presencia de especialistas e interesados/as en la cuestión urbana específicamente latinoamericana, y eso haya ayudado a focalizar los debates y reflexiones. Pero lo especialmente notable fue el compromiso de esos encuentros con la ciudad y la ciudadanía y no con las burocracias estatales y diplomáticas; de ahí su mayor interés para quienes buscaron en Quito respuestas convincentes a los problemas que genera el desarrollo urbano en nuestro tiempo y lugar. 

Andrea Catenazzi
Universidad Nacional General Sarmiento, provincia de Buenos Aires, Argentina
Entre la intensidad de las actividades programadas y la multiplicidad de encuentros casuales se fue entretejiendo un programa de resistencia a los procesos de desigualdad que atraviesan nuestros territorios. Más allá de las notables diferencias entre los actores convocados y las cuestiones debatidas en torno de Hábitat III oficial, alternativo y de la resistencia, nos interesa detenernos en algunas convergencias.

“ … ante la certeza de que los gobiernos nacionales darán poca relevancia a los compromisos asumidos en la Nueva Agenda Urbana, circuló la convicción de que los movimientos sociales junto con los gobiernos locales y las universidades en las calles son quienes deben disputar la ampliación y cumplimiento de esos compromisos”.

Andrea Catenazzi
Universidad Nacional General Sarmiento

En primer lugar, y ante la certeza de que los gobiernos nacionales darán poca relevancia a los compromisos asumidos en la Nueva Agenda Urbana, circuló la convicción de que los movimientos sociales junto con los gobiernos locales y las universidades en las calles son quienes deben disputar la ampliación y cumplimiento de esos compromisos. Esos días compartidos nos dejaron la experiencia de formar parte de un colectivo que tenía mucho por hacer y que se disponía a trabajar sin condescendencias con lo hecho.

En segundo lugar, la necesidad de colocar en la Nueva Agenda Urbana una serie de cuestiones que estuvieron ausentes. En especial mencionamos la ausencia de un debate crítico sobre las limitaciones de la gestión pública del suelo urbano ante dinámica excluyente del mercado del suelo y sobre la debilidad del enfoque del derecho a la ciudad frente a la persistente sectorialización de las políticas de vivienda nueva o de regularización dominial y urbana.

“En síntesis, la impresión es que valió la pena. Además, no fue sólo lo producido durante esa semana sino también los intercambios y documentos realizados a propósito de Hábitat III”.

Andrea Catenazzi
Universidad Nacional General Sarmiento

En síntesis, la impresión es que valió la pena. Además, no fue sólo lo producido durante esa semana sino también los intercambios y documentos realizados a propósito de Hábitat III. La evaluación de cómo los compromisos de Hábitat II habían impactado en las políticas públicas de Argentina, promovida por Michel Cohen y Margarita Gutman del OLA -The New School y hecha en diálogo con los equipos de Brasil, México, Chile, Colombia y Ecuador, nos permitió participar con una plataforma de diálogo común, en clave latinoamericana. 

Fernando Carrión
Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), Ecuador
Entre el 17 y el 20 de octubre se realizó en la ciudad de Quito el evento denominado Hábitat III, organizado por ONU-Hábitat en un espacio cerrado, mientras antes, durante y después, así como en lugares diferentes, se llevaron a cabo múltiples eventos y actividades paralelas. Frente a esta “ciudad amurallada” -que para ingresar se requería identificación (pasaporte), permiso (visa) y cacheo (aduana)- apareció una “ciudad abierta” a las libertades y a los derechos. En este espacio se produjeron las discusiones más interesantes. Primero fue en Bogotá, durante los días 14 y 15 de octubre, que alcaldes representantes de Ciudades y Gobiernos Locales Unidos (CGLU) se congregaron para discutir respecto de su papel en la cumbre mundial. Posteriormente, un grupo importante de mujeres se reunieron en Quito -un día antes del evento oficial- para ponerse de acuerdo en sus posiciones.

¿Por qué ocurrió esta situación? Porque ni los municipios ni la ciudadanía tienen cabida en ONU-Hábitat y mucho peor en los compromisos. ONU es de naciones y la metodología que se sigue es la siguiente: la cooperación internacional diseña las políticas, los gobiernos nacionales se comprometen y los municipios acatan; es decir, la producción de un pensamiento global con acciones locales, que conduce a la pérdida de la autonomía municipal y a que la cooperación internacional no se comprometa a nada. Y el caso de las mujeres es similar: como la ciudadanía no está representada en ONU-Hábitat, se instala una paradoja: diseñar una agenda urbana sin actores, sin sujetos, sin movimientos sociales, sin partidos políticos; cuando es sabido que ciudad sin ciudadanía no existe.

“ … como la ciudadanía no está representada en Hábitat, se instala una paradoja: diseñar una agenda urbana sin actores, sin sujetos, sin movimientos sociales, sin partidos políticos; cuando es sabido que ciudad sin ciudadanía no existe”.

Fernando Carrión
Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), Ecuador

Durante los días de la reunión de Naciones Unidas hubo dos espacios paralelos de debate respecto del futuro de las urbes: el primero denominado “Resistencia Hábitat III” que realizó un conjunto de mesas redondas y un juicio por los desalojos de la población producidos por la acción del capital inmobiliario y de las políticas públicas en las ciudades. Y el segundo, “Hábitat 3 Alternativo” concebido como un espacio estructurado y coherente de debate donde las autoridades locales, movimientos populares, académicos, funcionarios y especialistas de 41 países del mundo debatieron en 7 seminarios y 40 mesas, produciendo el Manifiesto de Quito, como toma de posición frente a la ciudad actual. La asistencia fue masiva y el impacto en las redes sociales fue impresionante, incluso por encima de la reunión oficial. Se conformó un grupo y un plan de actividades hacia el futuro. 

Pedro Pírez
Universidad de Buenos Aires, Argentina
Cuarenta años de Hábitat, de diagnósticos, “commitments” y declaraciones. Sin planificación que garantice ciudades más justas e incluyentes; sin que el derecho a la vivienda haya liberado de la solvencia que garantiza la ganancia, y sea posible el acceso al conjunto de los bienes materiales e inmateriales de la diversidad urbana. Cuarenta años de Hábitat: hoy otra versión (no nueva) de la reunión internacional convocada por la ONU en Quito en el pasado octubre.

Por una parte, representantes de los gobiernos nacionales (sin las ciudades, sin la sociedad civil, sin los constructores reales de la ciudad) reunidos para aprobar un documento previamente acordado, donde los problemas aparecen como hechos naturales porque no identifican los procesos sociales que los generan y los actores sociales, económicos y políticos que dificultan e impiden su transformación. ¿Será posible avanzar hacia otra ciudad sin conocer qué es lo que define a esta y dificulta su transformación?

Por otra parte, la ciudad excluida, construida por fuera de las relaciones de ganancia con actores que la transforman para satisfacer las necesidades en la aglomeración, la ciudad de los sectores populares, de las mujeres, de los jóvenes, de los académicos, de los migrantes, de los militantes, de quienes buscan un ámbito de justicia y democracia para vivir y reproducirse, se hizo presente en el mismo lugar y el mismo tiempo en el que los gobiernos nacionales repetían el ritual que justifica el status quo urbano. 

Jordi Borja
Universidad Abierta de Cataluña, Barcelona, España
Primera impresión. Escepticismo, desconfianza, irritación, no ser tenidos en cuenta, retórica, evasión de los problemas reales de las ciudades y territorios, discursos fatuos, exclusión… Nos referimos a los participantes, representantes de las ciudades y de sus gobiernos, organizaciones sociales y ONG, profesionales comprometidos, jóvenes con curiosidad y deseos de hacer algo práctico y justo en favor de las poblaciones con derechos escasos y precariedades múltiples. La conferencia oficial justificó el malestar previo.

Segunda impresión. La afluencia de decenas de miles, la mayoría jóvenes (asumimos que los jóvenes hoy llegan hasta los 40 años), gentes interesadas, activas, críticas. La presencia de gobernantes locales vinculados con los movimientos y las aspiraciones populares. Profesionales decepcionados por el Hábitat II y el Hábitat III y que dicen basta. Hábitat se ha devaluado y es probable que desaparezca o se reforme a corto plazo. Lo cual no es garantía de un cambio en favor de las mayorías sociales pues si está teledirigido por los gobiernos de los estados el cambio será para no cambiar. 

Tercera impresión. La virtud de Hábitat 3 es la demostración que hay una fuerza social, cultural, incluso política, que exige un cambio de rumbo en las políticas territoriales, que reduzca radicalmente la injusticia espacial, que aspira a gobiernos locales fuertes, democráticos y cercanos a las poblaciones. Esta fuerza que emerge en las periferias de Hábitat es vocación de justicia, de resistencia ante los desmanes financieros y urbanizadores, de esperanza si se unen los movimientos sociales, los colectivos profesionales y los gobiernos locales. 

Jaime Erazo Espinosa
Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), Ecuador
A pesar de las dificultades que entraña la tarea de comprender todo lo sucedido en Hábitat III, tengo la impresión que a la ciudad se la acondicionó para escenificar la adopción formal de un documento, al cual llamamos Nueva Agenda Urbana o Declaración de Quito sobre Ciudades y Asentamientos Humanos Sostenibles para Todos, que prácticamente condicionará la mayoría de las acciones urbanas que se realicen dentro de nuestras urbes, en los próximos veinte años. A éste, desde el lado oficial, se lo ha calificado como “exitoso” y no precisamente porque haya incluido las discusiones, críticas y cuestionamientos que se hicieron alrededor de su producción, incluso antes de ser adoptado en Ecuador, sino porque es un nuevo acuerdo global que mantendrá el status quo vigente.

También tengo la sensación de que los objetos de debate y las formas con que éstos se trataron en la cumbre oficial fueron muy distintos a lo considerado en los eventos alternativos. En la primera dominaron las empresas y los gobiernos nacionales, y se hizo uso de un lenguaje sombrío, cerrado e inexacto, con poco análisis sobre los conceptos y sobre los efectos negativos de, por ejemplo, el modelo de urbanización mundial que aparece como veloz e ilimitado. Por el contrario, en las sedes alternas, los elementos de controversia fueron las ciudades y los gobiernos locales, con opiniones abiertas y directas, sin recursos retóricos o generalistas, y con críticas densas en contra del crecimiento económico y las posiciones de poder.

Para finalizar, opino que en la totalidad de las actividades que se desarrollaron en Quito hubo llamamientos públicos a la acción política contra todo aquello que se decía impide avanzar hacia la sostenibilidad ambiental y la justicia social, aún sabiendo que en el lado oficial estas posiciones eran incompatibles con la naturaleza del documento adoptado.

Este artículo fue producido a través de un acuerdo entre Citiscope y el Observatorio Latino Americano (OLA) de The New School, una universidad en Nueva York. Puede suscribirse al newsletter quincenal con artículos destacados en español de OLA-Citiscope aquí. Subscribe to weekly updates in English here.

Citiscope es miembro del Proyecto de Periodismo de Hábitat III; más información aquí.

 

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