Después de Hábitat III, es preciso institucionalizar los diálogos sobre política urbana

Una gobernanza urbana colaborativa y vigorosos mecanismos de seguimiento serán las claves para el éxito de la Nueva Agenda Urbana.

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La urbanización no es un fenómeno nuevo. Lo nuevo son la velocidad y la escala con las que hoy avanza, en especial en lo que se refiere al papel cada vez más protagónico de las ciudades a nivel mundial.

En estos momentos, los gobiernos nacionales están debatiendo una nueva visión global de la urbanización sustentable. Esta estrategia, conocida como la Nueva Agenda Urbana, se aprobará en octubre en la conferencia Hábitat III, que es el foro en que los países se reúnen cada 20 años para discutir temas relativos a las ciudades del mundo. La diferencia que podría marcar la Nueva Agenda Urbana, sobre todo si se transforma en una agenda verdaderamente nueva y mundial, es que nos ayudaría a comprender mejor el rol que desempeñan las ciudades en el desarrollo sustentable.

[Véase: Se consigue consenso en la ronda final de negociaciones para redactar el documento borrador de la Nueva Agenda Urbana]

Las ciudades ya no pueden ser consideradas actores meramente locales. Hoy en día, son cada vez más reconocidas como entidades fundamentales para salvaguardar una amplia variedad de bienes públicos globales, entre ellos el clima, la prosperidad económica, la integración social, la democratización y la estabilidad política.

Ante esta espectacular ampliación del papel de las ciudades, resulta imperioso contar con una nueva arquitectura global centrada en las políticas de desarrollo urbano de los estados nacionales, así como en una mayor participación activa de los ciudadanos a nivel local.

A escala internacional, las opiniones de las ciudades deberían orientar las decisiones y medidas de los organismos internacionales de manera mucho más amplia de lo que lo hacen hoy. Como centro lógico de acción, las ciudades tienen que estar adecuadamente representadas e involucradas en los procesos internacionales que les conciernen. Por ejemplo, deberían ser parte de las delegaciones oficiales en Hábitat III.

[Véase: The only sustainable city is one co-created by all of us]

En el plano nacional, existe la necesidad imperiosa de desarrollar marcos de políticas urbanas que refuercen el mandato, los recursos y las capacidades de las ciudades. Los estados nacionales deberían adoptar el principio de “subsidiariedad”. Esto implicaría, por un lado, ceder el poder de decisión al nivel de autoridad pertinente más bajo y, por el otro, garantizar que los tomadores de decisiones locales cuenten con las facultades necesarias para cumplir con sus responsabilidades.

Las ciudades exitosas necesitan ser gobernadas, no sólo administradas. Necesitan un sistema de gobernanza local habilitado para actuar y con capacidad de respuesta. Y necesitan encontrar la manera de movilizar y motivar a sus ciudadanos para que se involucren activamente con sus ciudades y respondan a los desafíos globales: un enfoque desde las bases que incluya, por ejemplo, laboratorios de transición urbana y abordajes de “cocreación”. La Nueva Agenda Urbana debe hacer mucho hincapié en la importancia de la gobernanza urbana colaborativa.

Más allá de la Nueva Agenda Urbana

Para que las ciudades puedan transformar las ideas de desarrollo sustentable en hechos concretos, no pueden apoyarse únicamente en el texto de la Nueva Agenda Urbana, que no será ni vinculante ni estrictamente prescriptivo. Por el contrario, la implementación de esta nueva visión dependerá, en gran medida, de la acción y del compromiso voluntarios de todos los actores.

“Ante esta espectacular ampliación del papel de las ciudades, resulta imperioso contar con una nueva arquitectura global centrada en las políticas de desarrollo urbano de los estados nacionales así como con una mayor participación activa de los ciudadanos a nivel local”.

Para ello, debemos empezar a actuar ya. Necesitamos que los líderes unan sus fuerzas, por ejemplo mediante acciones colectivas voluntarias de las partes interesadas, tales como iniciativas globales de alianzas urbanas. Debemos pensar en cómo crear una comunidad de prácticas sobre políticas urbanas nacionales, aprovechando la experiencia de un amplio grupo de países y organizaciones multilaterales tales como ONU-Hábitat, la OCDE y el Banco Mundial.

Ya se están discutiendo algunas ideas preliminares para el desarrollo de nuevas iniciativas de alianzas. Las que ya existen como la Alianza de las Ciudades, que es un ejemplo exitoso de asociación de múltiples partes interesadas para la acción y el diálogo podrían ampliarse.

[Véase: Hábitat III perdió el Panel Multiparticipativo propuesto… por ahora]

Hace poco tiempo, por ejemplo, se produjo una expansión de nuevas iniciativas en relación al financiamiento del desarrollo urbano. Ahora, cabe preguntarnos si hay alguna manera de promover el intercambio de conocimientos entre esas iniciativas.

Otra posible iniciativa de alianza global dedicada a cuestiones urbanas podría consistir en un conjunto de programas de acción sobre la sustentabilidad urbana, tanto nacionales como locales, dirigidos a alcanzar las metas que se fijaron en dos acuerdos clave concluidos el año pasado: el Acuerdo de París sobre el cambio climático y la nueva Agenda 2030 para el Desarrollo Sustentable de las Naciones Unidas.

Pero, en realidad, la clave para materializar el espíritu de la Nueva Agenda Urbana radicará en hacer un seguimiento del acuerdo, en monitorear sus avances y, sobre todo, en comenzar a entablar un diálogo continuo sobre políticas. Al igual que la Agenda 2030, la Nueva Agenda Urbana deberá establecer un mecanismo robusto de revisión y presentación de informes.

Una forma de garantizar un seguimiento sustancial sería iniciar una serie de diálogos sobre políticas a través de los cuales un amplio grupo de partes interesadas puedan informar acerca de sus experiencias en marcha, así como de los nuevos desafíos que vayan surgiendo. Desde hace varios años, el Foro Urbano Mundial, que se realiza cada dos años, ha sido el foro de diálogo más importante a nivel mundial, y podría vincularse estrechamente al seguimiento político de la Nueva Agenda Urbana.

El propio proceso preparatorio de la Nueva Agenda Urbana dio origen a una serie de redes y formatos nuevos. Podríamos mencionar al Grupo de Trabajo Global de Gobiernos Locales y Regionales y a la Asamblea General de Socios, por ejemplo, así como a redes de ciudades bien consolidadas como ICLEI y C40.

[Véase: ¿Cómo sabremos si la Nueva Agenda Urbana ha tenido éxito?]

El hecho es que aún no terminamos de entender cómo los fenómenos de la digitalización, la Industria 4.0 (las llamadas “fábricas inteligentes”), la migración y el cambio climático afectarán nuestras ciudades. Tanto los políticos como los profesionales del urbanismo deben aprender con rapidez, y el seguimiento de la Nueva Agenda Urbana deberá apoyar esos procesos de aprendizaje.

El diseño de un mecanismo de seguimiento de esas características será sin duda una tarea difícil, pero también de vital importancia para que la acción y la participación continúen con el correr del tiempo y, a la vez, para elaborar políticas cada vez mejores que propicien el desarrollo sustentable de las ciudades en el Sur y el Norte Global por igual.

Este artículo fue traducido al español a través de un acuerdo entre Citiscope y el Observatorio Latino Americano (OLA) de The New School, una universidad en Nueva York. Puede suscribirse al newsletter quincenal con artículos destacados en español de OLA-Citiscope aquí. Subscribe to weekly updates in English here.

Citiscope es miembro del Proyecto de Periodismo de Hábitat III; más información aquí.

 

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Christoph Beier

Dr. Christoph Beier is vice-chair of the Management Board of Deutsche Gesellschaft für Internationale Zusammenarbeit (GIZ) GmbH. With responsibility for the company’s technical and methodological excellence and innovative capacity, he oversees the Sectoral Department as well as the Sector and Global Programmes Department. He also is responsible for GIZ International Services (InS) and the Evaluation Unit.