¿Quiénes son hoy los que verdaderamente quedan relegados en las ciudades más peligrosas?

Finalmente, la Nueva Agenda Urbana reconoce los desafíos de la guerra urbana. Sin embargo, Hábitat III también debe definir cómo se garantizará el acceso seguro a los servicios de salud y educación en aquellas áreas afectadas por la violencia crónica.

Un niño sostiene una paloma cerca de edificios destruidos en Homs, Siria, en septiembre de 2013. (ART Production/Shutterstock)

En el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) no solemos ver ciudades en su plenitud. Las vemos bombardeadas, atacadas y destruidas. Vemos poblaciones civiles que viven en condiciones dramáticas y peligrosas durante años. Como organización humanitaria neutral e imparcial, trabajamos para proteger y ayudar a las personas en conflictos armados y otras situaciones de violencia. En la actualidad, nuestras operaciones más importantes se concentran en las zonas urbanas.

En un mundo que se urbaniza, el conflicto armado también se urbaniza. Es por eso que nos hemos involucrado tan seriamente en Hábitat III, el proceso mundial que tiene por objetivo concluir en octubre una visión sobre urbanización sustentable para los próximos 20 años. El mes pasado, asistimos a las negociaciones sobre esa visión conocida con el nombre de Nueva Agenda Urbana en Surabaya, Indonesia, junto con colegas de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. Y también estaremos presentes en Quito, donde se celebrará la conferencia Hábitat III.

En su mayor parte, la Nueva Agenda Urbana tiene una acertada mirada vanguardista y progresista, con el foco puesto en las ciudades verdes, “las ciudades inteligentes”, áreas urbanas con mayor igualdad y mejor infraestructura. Sin embargo, consideramos que también es necesario que genere mayor conciencia en los gobiernos nacionales sobre el creciente problema de la guerra urbana.

Durante muchos años, hemos venido trabajando codo a codo con las Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja en Medio Oriente para ayudar a las personas a sobrevivir en ciudades como Faluya y Ramadi, en Irak; Damasco, Homs y Alepo, en Siria; Saná y Adén, en Yemen; y, por supuesto, en Gaza, donde hemos trabajado durante décadas. Asimismo, tenemos una larga trayectoria de servicio en ciudades africanas que experimentaron un rápido crecimiento y que se vieron afectadas por conflictos armados, como es el caso de Goma, Freetown, Bangui y Yuba.

[Véase: More than half the world’s refugees live in urban areas. Heres what that means for cities]

Muchas de estas ciudades han sido devastadas por la guerra y aun así han visto a sus poblaciones crecer de manera drástica a partir de la llegada de desplazados internos y refugiados. Algunos pueblos y ciudades de Turquía, el Líbano, Jordania y algunos países de Europa también están experimentando un crecimiento demográfico a raíz del arribo de personas que huyen de los conflictos armados en los países vecinos. Numerosos asentamientos informales que comenzaron a funcionar como campos para desplazados internos o refugiados en países como Sudán y Kenia ahora son, en efecto, nuevos pueblos y ciudades.

La cambiante demografía de la guerra crea ciudades y también las destruye. Venecia, tal vez la ciudad más hermosa del mundo, fue fundada en el siglo V por desplazados internos que escaparon de las invasiones y se instalaron en los pantanos que rodean sus lagunas hoy tan famosas. Del mismo modo, las guerras de hoy forjarán las ciudades del mañana.

Protección de los servicios municipales

Antes de la reunión en Surabaya, el borrador de la Nueva Agenda Urbana prácticamente no hacía referencia alguna a los desafíos derivados de la guerra urbana que está asolando tantas ciudades y revirtiendo dramáticamente los beneficios del desarrollo. El CICR asistió a las negociaciones recientes en un esfuerzo por corregir esta omisión.

“La cambiante demografía de la guerra crea ciudades y también las destruye. Las guerras de hoy forjarán las ciudades del mañana”.

En Surabaya, les solicitamos a los Estados miembros de la ONU que incluyeran algunas políticas nuevas importantes sobre la guerra urbana en la elaboración de la Nueva Agenda Urbana y respondieron de manera positiva. Hicimos dos pedidos fundamentales.

En primer lugar, exhortamos a los Estados miembros a renovar su compromiso con el derecho internacional humanitario y a respetar y garantizar el cumplimiento de los Convenios de Ginebra relativos a los conflictos armados en zonas urbanas. Solicitamos que las preocupaciones en materia de seguridad planteadas en Hábitat III también se aplicaran a las poblaciones civiles en conflictos armados. Les recordamos a los Estados que las partes en conflicto deben distinguir entre objetivos civiles y militares y que deben brindar asistencia a las poblaciones civiles.

[Véase: Aprendiendo el lenguaje de las ciudades en crisis]

Asimismo, instamos a que las partes en conflicto eviten el uso de armas explosivas con una amplia área de impacto en zonas densamente pobladas, y a que todas las partes cumplan con sus responsabilidades humanitarias durante el asedio. Además, les recordamos a los Estados que ni los centros sanitarios ni sus pacientes ni su personal deberían ser objeto de ataques deliberados o indiscriminados.

En segundo lugar, les pedimos a los Estados que se comprometan a ayudar a mantener los servicios urbanos básicos durante el conflicto armado, ya que la supervivencia de la población civil depende de dichos servicios. El CICR destina la mayor parte de sus presupuestos asignados en relación con las guerras urbanas a trabajar en estrecha colaboración con las autoridades municipales para reparar y mantener la infraestructura y los servicios esenciales, es decir, las cañerías, el cableado, los tanques de almacenamiento y los suministros que resultan fundamentales para disponer de electricidad, agua y cloacas.

En tiempos de guerra, los reiterados ataques, la pérdida de ingresos y la fuga de personal indispensable y crítico redundan en un rápido deterioro de la infraestructura, los servicios y el conocimiento especializado. A su vez, esto a menudo tiene un impacto devastador acumulativo sobre la capacidad y la calidad de esos servicios.

[Véase: Habitat III process paying ‘insufficient’ attention to resilience and urban crises]

Nos sentimos muy esperanzados al ver que los Estados miembros incluyeron un nuevo párrafo en el borrador posterior a la reunión de Surabaya (Párrafo 28), que reafirma la importancia de respetar el derecho internacional humanitario y la necesidad de mantener los servicios urbanos durante los conflictos armados. Ese párrafo ahora dice lo siguiente: “Reconocemos la necesidad de que los gobiernos y la sociedad civil apoyen el mantenimiento de los servicios urbanos básicos durante un conflicto armado. También reconocemos la necesidad de reafirmar el pleno respeto por el derecho internacional humanitario”.

Para asegurar que los millones de personas que viven en zonas de conflicto armado desde hace muchos años sean incluidos en la Nueva Agenda Urbana, es importante que este párrafo permanezca en la agenda una vez acordada el próximo otoño boreal.

Acceso más seguro

Gran parte de la violencia armada que se vive en los pueblos y las ciudades del mundo no tiene que ver con los conflictos armados regidos por los Convenios de Ginebra, sino más bien con una violencia urbana crónica. No obstante, resulta importante reconocer que esto puede traer aparejadas consecuencias similares desde el punto de vista humanitario. La violencia urbana puede impedir que los trabajadores de la salud y los pacientes concurran a los centros sanitarios o disuadir a los alumnos y los maestros de asistir a las escuelas.

“El CICR destina la mayor parte de sus presupuestos asignados en relación con las guerras urbanas a trabajar en estrecha colaboración con las autoridades municipales para reparar y mantener la infraestructura y los servicios esenciales, es decir, las cañerías, el cableado, los tanques de almacenamiento y los suministros que resultan fundamentales para disponer de electricidad, agua y cloacas”.

El borrador de la Nueva Agenda Urbana reconoce la necesidad de incorporar medidas para abordar el tema de la violencia urbana en el planeamiento urbano (en particular en el Párrafo 99 de la versión posterior a la reunión de Surabaya). Sin embargo, tal reconocimiento sigue siendo vago. No existe una referencia clara a los costos invisibles de la violencia urbana derivados del cierre de clínicas o de la pérdida de días de clase. La noción de seguridad que plantea el documento también es genérica y poco ilustrativa; podría dar más precisiones respecto de qué se considera inseguro y qué significa estar protegido y a salvo.

[Véase: In informal settlements of Nairobi, women look to Habitat III on inclusive planning]

Muchos gobiernos nacionales y locales tienen una sólida trayectoria en la reducción de la violencia urbana y la mejora del acceso seguro de la población a los servicios básicos. La violencia urbana constituirá un reto importante en los próximos 20 años, y la Nueva Agenda Urbana podría aprovechar algo de esta experiencia positiva.

Según la experiencia del CICR de trabajar en contextos de violencia urbana, el éxito normalmente deviene de una combinación de compromisos comunitarios, negociaciones con los actores armados, capacitación de los profesionales que prestan servicios y una mejor dotación de recursos para los centros de salud y las escuelas. Las actividades de los organismos encargados del cumplimiento de la ley por sí solas rara vez son suficientes.

Mientras tanto, los Estados tienen previsto continuar negociando los detalles de la Nueva Agenda Urbana en Nueva York a principios de septiembre, para luego volver a reunirse en Quito el mes siguiente. En conjunto, estas negociaciones delinearán la política urbana para los próximos 20 años y serán una guía importante para los países, los gobiernos locales y la sociedad civil.

[Véase: Habitat III can help migration drive city development]

Hay entusiasmo en el CICR al ver que el nuevo borrador de la Nueva Agenda Urbana pone mayor énfasis en los problemas derivados del conflicto armado en zonas urbanas. Pero la satisfacción sería completa si se apreciara un reconocimiento más específico de las políticas que se necesitan para resolver el problema del acceso seguro a los servicios sanitarios y educativos en pueblos y ciudades afectados por la violencia urbana crónica.

Esperamos con ansias los nuevos avances en todos los aspectos de la Nueva Agenda Urbana en el encuentro de Nueva York y confiamos en que la reunión cumbre de Quito será positiva e inspiradora. La Nueva Agenda Urbana derivada de Hábitat III debe proteger y asistir a los muchos millones de personas que continuarán viviendo en situaciones de conflicto armado y altos niveles de violencia en zonas urbanas.

Este artículo fue traducido al español a través de un acuerdo entre Citiscope y el Observatorio Latino Americano (OLA) de The New School, una universidad en Nueva York. Puede suscribirse al newsletter quincenal con artículos destacados en español de OLA-Citiscope aquí. Subscribe to weekly updates in English here.

Citiscope es miembro del Proyecto de Periodismo de Hábitat III; más información aquí.

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Hugo Slim

Dr. Hugo Slim is head of policy for the International Committee of the Red Cross.